IK SIRIUS, UNA ESTRELLA EN EL NORTE

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abril 15, 2022

Un tren sale de la Estación Central de Estocolmo. En tres cuartos de hora, dirección noroeste, habrá recorrido casi ochenta kilómetros. No es un problema matemático. Estás en Uppsala, cuarta ciudad del país, con una historia larga, importante e interesante, pero que ha quedado empañada con la modernidad. Es el hogar de la primera universidad de Escandinavia, del Fyris, y del IK Sirius, un equipo a la sombra de los grandes, pero con una grada que mereció la pena visitar, y vivir de primera mano cómo un grupo de chavales intenta hacer algo que hasta ahora no se había hecho en su estadio. Para ello vivimos un partido en Arkens Gärde, el fondo de madera que se levanta al norte del Studenternas. Esos ochenta kilómetros están justificados de sobra.

La vida no es fácil alrededor de una gran ciudad, y más cuando eres hincha de un equipo de fútbol que no destaca por sus logros históricos, pasando más tiempo en la segunda división que en la primera, y que además tiene la desgracia de ser vecino de tres de los grandes equipos del país. No faltan aficionados  al Hammarby, AIK o Djurgårdens en la ciudad, y nada más bajarnos del tren pudimos comprobarlo, al encontrarnos con un ultra del equipo de Solna.

En el recorrido entre la estación y el bar de los locales, de hecho, fueron los únicos colores que nos encontramos, ya que, pese a quedar pocas horas para el partido, el estadio está a kilómetro y media de la Stationsgatan, y suponemos que el IK Sirius no atrae a demasiados aficionados de fuera de la ciudad. Quien seguro que no lo hizo fue el Varbergs Bols, que solo contó con seis hinchas en una grada de la que ya han dado cuenta algunos de los mejores grupos del país, y que, como ellos mismos dicen, es de las mejores para visitar.

Pero hablamos de los locales, y estos nos esperaban en un bar, donde la tomaban alrededor de treinta personas, con una media de edad muy joven, con bastantes menores, y unas cervezas listas. Allí pudimos hablar de Arkens Gärde, la grada del IK Sirius, que recibe el nombre del lugar de fundación del club, y está capitaneada desde 1997 por Västra Sidan, grupo de animación, alejados del modelo o la mentalidad ultra, que organiza, con un speaker, el ambiente en el estadio. Son un grupo abierto y que acoge, dentro de sus novecientos socios, a perfiles muy variados. Dentro de lo que cabe cualquier tipo de persona que esperéis encontrar en un fondo. Esto incluye a algunos chavales a los que les apetece ir un paso más allá, y en las últimas temporadas han ido dando forma a Vännerna Uppsala, un grupo formado con la intención de organizar el tifo, e intentar vestir al Studenternas de una forma que no lucía hasta entonces.

Este grupo se entiende a sí mismo como un grupo para tifar. Un espacio creado para llenar un vacío al que Västra Sidan apenas había intentado atender un puñado de veces, por lo que a finales de marzo de 2019 nace Vännerna Uppsala, que el ocho de abril de 2019, contra el AFC United, organizaba su primer tifo. Salen también otros nombres a relucir: Uptown Youngsters y Alpha Canis Majoris, grupos más informales y con una mentalidad más cercana a la de los ultras, formados por pocos miembros, muy jóvenes en el caso de los primeros (algo que no sorprenderá, teniendo en cuenta el nombre).

Nos explicaban, además, que en este partido tenían planeado desplegar el tifo más grande que habían hecho hasta la fecha, que además iba a ir acompañado de algo de pirotecnia, aunque menos de la deseada, porque en la frontera esperaba la que, originalmente, debería haber lucido esa noche en el fondo. Fuera del bar, mientras tanto, alguno de los chavales más jóvenes recibía una clase de última hora sobre cómo manejar las bengalas que un par de horas más tarde iban a lucir en sus manos.

Hablábamos también de la situación de la ‘Escalera de Condiciones’ que ya se ha explicado unas páginas más atrás, y de cómo ha afectado en Uppsala. No ha afectado. Se aplicó una vez, no tuvo éxito, y la policía anunció que renunciaba a aplicar esta medida en el estadio del IK Sirius, así que, a día de hoy, las restricciones no son un problema del que preocuparse en el Studenternas.

Eso no significa que no tengan problemas con la policía, que parece no tenerlas todas consigo ante la idea de que una escena ultra pueda desarrollarse en Uppsala, y, en alguna ocasión, aprovechando el reducido número de gente implicada, nos dicen, han tenido escolta policial personal hasta casa. Pero, todo sea dicho, la situación parece bastante tranquila mientras abandonamos el bar y recorremos a pie el kilómetro y medio que lo separa del estadio, mientras hablamos de la relación entre los aficionados y ultras del Sirius con los de los equipos de Estocolmo, que, obviamente, también caminan las calles de la ciudad. El hecho de que nunca haya habido un grupo ultra o una escena que pueda haber atraído la atención de otras, hace que no haya conflicto o excesiva rivalidad con los holmienses. Además, Uppsala tiene menos de doscientos mil habitantes, así que vecinos, conocidos o incluso familiares tifan a equipos de Estocolmo. Pese a esto, una de las cosas que nos llevamos de recuerdo de la visita son unas pocas pegatinas contra los tres equipos de la capital: Uppsala es del Sirius, o eso defienden nuestros anfitriones.

Una vez en las inmediaciones del Studenternas, situado entre el río y un parque, el ambiente es diferente, y bastantes niños y familias vestidos de azul y negro, el color de los locales, beben alrededor del estadio o juegan en la zona de entretenimiento que se encuentra en la explanada frente al fondo. Para conseguir las entradas, eso sí, hay que desplazarse hasta el otro extremo del estadio, donde se levanta el campo donde juega la sección de bandy, una especie de hockey sobre hielo, pero con pelota. Allí nos encontramos con una taquilla, y un chaval sorprendido de que dos turistas hayan ido hasta allí. “¿Sabéis que podéis comprarlas por el móvil?”. La verdad es que en tres días en Suecia no hemos visto ni una moneda, ni un billete, ni una entrada de verdad.

Como había que ultimar los detalles del tifo, Vännerna Uppsala entró al estadio con algo más de una hora, por lo que junto a ellos cruzamos el control que habían organizado para su acceso, que nos recordó bastante a ese video de un steward de edad avanzada que se limita a mover las manos alrededor de la gente que accede al estadio, y cuando nos dimos cuenta estábamos pisando una grada de madera y contemplando sorprendidos el nuevo Studenternas por dentro, y diciendo, pocos segundos después, al unísono un “guapísimo”, que es la única forma de describir un estadio que ha sido renovado con gusto y respeto por la sencillez de un campo para casi once mil espectadores con tres tribunas a base de madera, y una de hormigón, con las oficinas del club, y los dos fondos de pie.

Cuando hablamos de madera, sí, hablamos de columnas y estructura (que se combina con metal y hormigón, claro), pero hablamos también del suelo. Caminar por la grada da la sensación de estar caminando por el salón de tu casa, solo que sin ir en calcetines. Obviamente, hablamos de una grada de pie, sin asientos en toda la parte central, con unos pocos para-avalanchas, y, claro, techada. Una grada por la que más de uno de los lectores, o redactores, de este fanzine mataría. Y, además de esto, el estadio tiene accesos, baños e instalaciones renovadas, entre las que destaca una terraza que tiene en uno de los bares del fondo, que cuando no haga una temperatura cercana a los cero grados nos parece el lugar perfecto donde hincharte a cerveza de grifo esperando a que empiece el partido.

Visitada la terraza, y con la vuelta a la grada pocos minutos antes del inicio del partido, con el fondo y el lateral ya prácticamente lleno, el fondo contrario vacío, a excepción de los seis valientes, y la tribuna principal con huecos, el estadio ya iba cogiendo forma, así que era el momento de situarse cerca del speaker de Västra Sidan, rodeados de las banderas, un único estandarte, de 1312, levantado casi los noventa minutos, y banderones que ondean los miembros de Vännerna Uppsala, concentrados en cómo luce la Arkens Gärde. Uno de estos banderones es el de RADDA SVENSK FOTBOLL con los colores del IK Sirius.

Pero para eso quedaban, además de un rato, las carreras de última hora para asegurarse de que todo saliese como estaba planeado. Un enorme cubregradas, en tela, con los edificios más reconocibles de la ciudad (que incluye al estadio, obviamente) recortados contra una noche estrellada, y escoltados por banderas azules y negras en los sectores de asientos del fondo, a lo que posteriormente se añadirían un bengaleo en la primera fila, y todo completado con la pancarta ‘IK SIRIUS – ESTA ES NUESTRA CIUDAD – ANNO 1907’.

Con la animación ya en marcha, nos encontramos con una de las mayores particularidades de la animación a cargo de Västra Sidan, que, aunque tiene un speaker subido en un atril, tiene como principio o costumbre el que este trabaje sin megafonía alguna, y sin apoyarse en ningún tipo de sección rítmica, algo que, en conjunto, puede parecernos extraño, pero parece ser un modelo que también se sigue en otras gradas del país, como Djurgårdens, Helsingborg o Gais.

Pese a esta organización, a medio camino entre el modelo italiano y el modelo inglés, con un speaker destacado, que varias veces durante el partido coordina coreografías, más allá de los numerosos palmeos, pero que, al mismo tiempo, intercala ratos de mayor pasividad (por no decir que se dedica a ver el fútbol y beber cerveza), en los que la propia grada inicia cánticos de forma espontánea, la animación se mantiene a un buen nivel tanto de volumen como de seguimiento durante todo el partido, acompañado, además, de otras de las señas de identidad de la grada, que, ante la ausencia de bombos, y aprovechando la madera bajo nuestros pies, retumba a ratos para acompañar las canciones.

El elemento que sí goza de aceptación en la Arkens Gärde es la bufanda, presente en casi todos los cuellos de la grada, aunque en su mayoría con los colores del club y una leyenda simple, básicamente el nombre del equipo, entremezcladas con algunas de Västra Sidan. Curiosamente, prácticamente los únicos cuellos que no lucen una, son los de los miembros de Vännerna Uppsala, Uptown Youngsters o Alpha Canis Majoris, que defienden que no la usan como forma de resultar anónimos en el estadio, así como mezclarse con la gente de Västra Sidan.

Lo que sí usan todos son pancartas, y, pese a que el día de nuestra visita no estuviesen visibles, ya que durante todo el partido la pancarta del tifo coronase la grada, en la valla de la Arkens Gärde se cuelgan las pancartas de Västra Sidan, Vännerna Uppsala y Alpha Canis Majoris. Por ahora no ha lucido la de Uptown Youngsters, el último grupo en llegar, y el formado por la gente más joven, que esperan estrenarla en la próxima temporada.

Y es que, como creemos haber dejado claro, la frontera entre nombres y grupos, jugar al quién es quién, y querer parcelar algo que aún no está del todo claro ni aclarado, es tarea difícil y estéril en Uppsala. Es imposible obviar a Västra Sidan, después de casi un cuarto de siglo, si queremos atender a la actividad de los otros grupos. Hasta tal punto que, siendo el grupo principal quien organiza los desplazamientos, está aún en la lista de ‘pendientes’ de Vännerna Uppsala, Alpha Canis Majoris o Uptown Youngsters el brillar con luz propia fuera de casa, algo que han empezado a buscar recientemente, pero para lo que aún es pronto.

Y es que unas pocas horas en Uppsala sirvieron para darnos cuenta de que estábamos viendo esos primeros pasos de una generación que quiere buscarse su propio espacio, y hacerse su propio nombre. Tuvimos suerte de que la casualidad nos hiciese subirnos a ese tren a ochenta kilómetros al sur, y poder ver con nuestros propios ojos cómo la edad queda en segundo plano cuando se tiene una idea, justo en el día en que Vännerna Uppsala iba a intentar lo más grande que habían intentado hasta la fecha, con un buen resultado, pese a los inconvenientes y a las limitaciones (tales que hasta el final de la temporada no han sacado ningún otro tifo, por falta de medios económicos).

Suerte también tuvieron los locales, que se llevaron un partido que contribuyó a que, al final de la temporada, se hayan salvado con cierta holgura, y la temporada que está a punto de comenzar vuelvan a vivirla en la Allsvenskan.

Lo que no sabemos si fue suerte o que siempre es así, pero en la lista de buenas impresiones que nos llevamos del Studenternas, está, sin dudarlo, la banda sonora del descanso. The Jam, The Clash y Madness. Un equilibrio perfecto entre estilo y populismo musical.

De aquí a unos años habrá que mirar de nuevo hacia Uppsala, y ver hasta dónde ha llegado el camino de los chavales que practicaban con las bengalas un par de horas antes del partido. Esperemos que tan lejos como ellos hayan querido ir.