CONTROCULTURA ULTRAS

Leemos en los periódicos, vemos en la televisión, escuchamos en la radio… Habitualmente escuchamos hablar sobre ultras… Pero, ¿quiénes son los ultras? Cuando hablamos de ultras hablamos de un fenómeno diverso, y a veces contradictorio, en ocasiones solo conocido desde el punto de vista distorsionado e instrumentalizado de los medios de comunicación de masas, que siempre han presentado y continúan presentando el asunto como un problema, una degeneración del aficionado ‘pacífico’ que va tranquilamente al estadio y una causa de alarma social. Pero, como con cualquier otro fenómeno, comprender la naturaleza de ciertos eventos requiere acercarse a ellos sin prejuicios, intentando descubrir aspectos a veces desconocidos e imperceptibles en una mirada superficial, y eso no es tan sencillo.
En la labor por dar a conocer este movimiento los medios de comunicación siempre han tenido una función destructiva: han sido los primeros en denunciar cualquier desvarío, pero los últimos en intentar comprender las razones del mismo. Una falsedad y banalidad que no tiene nada que ver con el análisis de lo que ocurre dentro de los estadios.
Para desmontar esta visión, tenemos ante nosotros una tesis doctoral pensada y escrita por un ultra, Marco de Rose -fundador en 1995 del ya extinto grupo cosentino Rebel Fans-, que intenta abatir las barreras del conocimiento prefabricado, un conocimiento hecho de prejuicios y falsos moralismos, la cual trataremos de resumir en estas páginas con la mayor franqueza posible.

NACIMIENTO DEL FENÓMENO ULTRA

Hay que remontarse más de medio siglo, hasta 1968, para reportar el nacimiento del primer grupo ultra en Italia (y en el mundo). Hablamos de la Fossa dei Leoni del Milán. Esta nace en un periodo de conflictividad social, durante los años de plomo y del terrorismo de Estado italiano. Durante las décadas anteriores el fútbol había mantenido el rol que tenía durante el fascismo: espectáculo para el consumo de masas, símbolo de virilidad y fuerza física y lugar para descargar las tensiones sociales. Pero es en estos convulsos años cuando los jóvenes encuentran en las curvas el único espacio de participación colectiva a su alcance. Se trata de jóvenes amantes de la rebelión, ansiosos de visibilidad y enemigos de la autoridad. Aparecen entonces las coreografías organizadas, las pancartas, el humo y las bengalas. Y también la violencia, que adquiere una nueva forma. Ya no existen solo los motivos deportivos, entra en juego la política y la defensa del territorio.


Porque es indudable que se crea una fuerte relación con el territorio, que se mezcla con la pasión del fútbol y la peculiaridad del fenómeno ‘tifo’, dando origen a una fuerte participación emotiva que puede analizarse desde el fenómeno semiótico del contagio. Tifo, tifo, tifo… Mil veces hemos escuchado esta palabra pero, ¿qué significa tifo? Es más sencillo de lo que parece. El lexema tifo se refiere a un tipo de enfermedad contagiosa, que se propaga y se transmite como un virus, un virus que se transmite entre todos los componentes de un grupo y de una grada.


En aquellos momentos, en la sociedad italiana, los únicos modelos de agregación social son aquellos de matriz política, y por ello aparecen los grupos ultras, que se convierten en la agencia de socialización primaria para los jóvenes que hacen vida en la calle, con dinámicas de representación alternativas a las dominantes, y con la ausencia de aparatos burocráticos y jerarquías absolutas, su principal atractivo.


Formar parte de un grupo es una experiencia que todos los seres humanos vivimos. Grupos en los que compartimos gustos o estilos de vida, y en los que  asumimos unas reglas de pertenencia, las cuales definen nuestra identidad social y permiten la integración: roles, jerarquía, normas, comunicación, liderazgo… Además de los procesos internos del individuo: adhesión a las normas, socialización, participación, sentimiento de pertenencia… El grupo ultra se convierte así en una entidad que hace más fuertes a sus componentes, porque trasciende al día a día de sus miembros. Estos están unidos el domingo en el estadio, pero también todos los días de la semana. En los momentos de alegría y dolor, en los momentos de celebración y en los problemas, convirtiéndose así en esa fuerza transversal que se mueve en la sociedad y no solo en el estadio, logrando una complicidad y un intercambio de ideales que no se encuentra en ningún otro lugar.


Todo este fenómeno empieza en los años sesenta, y ha conseguido llegar hasta hoy. Más de medio siglo. Una longevidad excepcional, que nos deja claro que no estamos hablando de una moda pasajera. No estamos hablando de una subcultura como ha habido decenas en las últimas décadas. Estamos hablando de otra cosa.

CONTRACULTURA: ULTRAS EN LA VIDA, NO SOLO EN LA PARTIDA

Cuando hablamos de subcultura hablamos de un conjunto de comportamientos y actitudes relacionados con la gestión del tiempo libre que, a través de la asunción de cánones comunes, desarrollan o acentúan el sentimiento de pertenencia a un grupo. Estas subculturas se refieren a la gestión del tiempo libre y tiene un carácter espontáneo. Pero, el fenómeno ultra, más que una cultura espontánea, es una prolongación de la subcultura, un sentimiento de revuelta que se practica todos los días de la semana. Por ello, el grupo ultra se trataría de una subcultura que, gracias a sus características antagonistas y revolucionarias se transforma en contracultura, en continua metamorfosis y evolución. Una contracultura viva que sirve no solo para animar al equipo de la ciudad, sino también para reivindicar un credo y defender unos ideales.


El término contracultura se usa para definir movimientos o grupos de personas cuyos valores y modelos culturales son opuestos a los del paradigma dominante de la sociedad, la expresión de algunos componentes minoritarios que manifiestan un rechazo más o menos radical de la visión del mundo y del estilo de vida dominante. La subcultura, exprimiendo formas culturales diversas de las oficiales, siendo rebelde y anticonformista no tiene fines políticos subversivos definidos, pero la contracultura sí tiene el objetivo de sustituir las normas de la sociedad con las suyas propias, contraponiendose a la cultura dominante de una forma revolucionaria.


El término contracultura ultra, entonces, se adopta para definir la parte antagonista del fenómeno, la que no se compromete con el orden constituido y tiene su esencia en el conflicto social. La que aprovecha la visibilidad del estadio para comunicar otro tipo de socialización, para denunciar los abusos de la autoridad y reivindicar su propia libertad. Por ello, la contracultura ultra es la rotura de los cánones normales, aquella manifestación alternativa del tifo en el estadio, un movimiento de resistencia contra dos procesos sociales: el del progresivo control político del comportamiento y el de la mercantilización del fútbol.


¡NO PODRÁN!

Las gradas son ese espacio o territorio liberado por los ultras, delimitado y regulado, una zona franca en la que el Estado no controla el monopolio de la fuerza, donde las reglas del orden constituido no son relevantes. Es el espacio popular por excelencia. El poder, en el interior de la grada, es una especie de contrapoder, una respuesta política de la participación juvenil.


El fenómeno ultra se puede considerar la respuesta social alternativa a la lógica del progreso del fútbol moderno, una forma de resistencia que se opone a la deriva económica del espectáculo deportivo. El Estado, asustado por la posibilidad de tener que hacer frente a una fuerza social antagonista y dinámica como la de las ultras, no tiene más remedio que recurrir a las prácticas represivas para domar el movimiento y que la violencia ultra no se llegue a convertir en violencia de clase. Así, el mejor arma del Estado contra los ultras es aplicar la prohibición de asistir a los eventos deportivos, un procedimiento que nunca da opción al imputado de defenderse. Hemos llegado a un punto en el que las leyes en materia del tifo violento dan posibilidades y protocolos a la policía que vulneran la constitución y suspenden los derechos civiles, que deberían ser inviolables. Medidas que han golpeado a los ultras premeditadamente, pero que después han extendiéndose poco a poco a otros ámbitos para acabar afectando a toda la sociedad.


AGREGACIÓN Y REBELDÍA

En ocasiones se habla de la relación entre política y mundo ultra, y es que la historia del fenómeno siempre ha estado atravesada por una tendencia rebelde, aunque no propiamente de izquierdas, pero en todo caso antirracista. Pero la política en las gradas nunca ha tenido un sentido estricto, nunca los ultras han llegado a compromisos con partidos o grupos políticos, ha sido siempre una política de base, transversal.


Pero la militancia ultra no puede alejarse de un cierto aproximamiento político, porque no se puede olvidar que el fútbol moderno es un producto del capitalismo económico. Por lo tanto, la lucha social de los ultras contra el fútbol de los empresarios y contra la represión se convierte en una lucha política antagonista. Así, las gradas que en su interior alojan a individuos de la extrema derecha no pueden evitar vivir en una paradoja continua, ya que estos son los mismos que le piden al Estado constantemente un recrudecimiento de la seguridad y la represión contra las categorías marginales de la sociedad, sin tener en cuenta que, llegado el momento, entre esas categorías estaríamos sin duda los ultras.


Pero la verdadera magia de este fenómeno es que, casi sin pretenderlo, consigue llegar a todas las plazas, tratar de tú a tú e involucrar a individuos que quizá nunca han tenido una base política, pero que gracias a la labor de los ultras han adquirido esa mentalidad de participación en las calles y en las gradas. Las luchas sociales que se dan en una ciudad siempre están relacionadas con sus grupos ultras, y esto es un modo de hacer política, sin necesidad de usar banderas rojas, negras o azules.


COMUNICACIÓN Y CONTRAINFORMACIÓN

Comunicar significa compartir, participar y poner en común. Los cánticos son el canal de expresión del ultra por excelencia, y contienen la identidad y el estilo de un grupo ultra. Las pancartas son el más incisivo y visible medio de comunicación. Una comunicación directa que puede convertirse en reivindicación, protesta, contestación, apoyo, exaltación, denuncia, sátira o celebración. A esta forma de comunicación se le unen banderas, banderones, estandartes y cubregradas de gran factura artística.


Pero hay un elemento que condensa todo ello y mucho más: el fanzine. Los contenidos publicados en la prensa alternativa de los ultras casi siempre constituyen una suerte de termómetro social de la ciudad de donde provienen, siendo capaces de mezclar caóticamente temas deportivos y contraculturales. En ellos se puede ver la voluntad de contra informar, pero también de formar al lector, creando en torno a la persona que lee un universo simbólico lleno de sentido, dotándolo de claves para comprender mejor el mundo ultra y la sociedad. Es la forma que tiene el grupo ultra de entrar en contacto con el resto de la grada y los aficionados.


Aquí es donde aparece la contrainformación, el resultado del contrapoder de la contracultura. El fenómeno de la contrainformación ultra es el que evidencia y subraya de mejor manera el proceso de evolución de subcultura a contracultura. A través de las páginas del fanzine es más sencillo comprender los valores que inspiran las acciones de los grupos de aficionados. Intensidad dialéctica, poder comunicativo, participación y defensa de unos ideales, todo ello concentrado en unas pocas páginas, siendo capaces de mezclar el fútbol con la realidad cotidiana y el compromiso social con la vida de grada. Una publicación que da la oportunidad a todos los miembros de una grada de expresarse, de ser escuchados y de usar su mente de una forma creativa. De participar. Una forma de comunicación conflictual, pero también objetiva y alternativa, capaz de elaborar un tipo de información independiente y libre de intereses.


ORGULLO, PERTENENCIA Y MENTALIDAD

La máquina represiva ha modificado y sofocado de alguna forma la creatividad en los estadios y en las gradas. El mundo ultra no es el de antes, y muchas cosas han cambiado sin darnos cuenta. Por una parte, los responsables hemos sido los propios ultras, y por otra el enfoque punitivo de la represión de un Estado sordo, de un gobierno que no quiere entender ni escuchar.


Los ultras se han convertido en los rebeldes del fútbol, los rebeldes del tercer milenio, los individuos incómodos que aún son capaces de usar su propia mente, hombres y mujeres críticos. Se han convertido en una respuesta concreta a la pérdida de valores de la sociedad contemporánea: orgullo de pertenencia, amistad, lealtad, voluntariedad, solidaridad… Y también violencia, rebelión y participación. Conscientes de ser una categoría indefendible desde el punto de vista legal, los ultras somos la última trinchera de rebelión aún existente en una sociedad completamente mercantilizada y víctima de la lógica del progreso.


Cerca de una década después de la publicación de la tesis, en Italia, como en otros sitios, han cambiado muchas cosas, debido esencialmente al aumento de la represión del Estado contra el fenómeno ultras. Pero las nuevas generaciones siguen teniendo ganas de vivir este mundo, porque aún existe, aunque nos dieran por muertos. Gracias a ellas, seguimos vivos.